Para cualquier paciente crónico, el hecho de afrontar su enfermedad le hace pasar por un proceso psicológico que le obliga a enfrentarse a ello todos los días. Por ello, es más frecuente la aparición de trastornos como depresión o ansiedad en enfermos crónicos que en la población general.
En el caso de los pacientes infectados por VIH, la incidencia de trastornos depresivos es mayor que en otro tipo de pacientes crónicos. Hay que tener en cuenta factores fisiológicos relacionados con el virus que pueden empeorar este malestar emocional, e incluso pueden provocar trastornos del Sistema Nervioso Central. Actualmente se han definido una serie de trastornos neurológicos asociados al VIH, denominados HAND, que pueden ir desde trastornos asintomáticos hasta demencia asociada a VIH (en etapas avanzadas de la enfermedad), pasando por un trastorno neurocognitivo leve (Antinon A, et al. Neurology 2007; 69:1789-1799).
Dentro de los trastornos neurocognitivos leves y más comunes en etapas tempranas se pueden incluir: lentitud en los movimientos, bajo grado de concentración, dificultad en el proceso de la información y en la capacidad de abstracción, así como dificultad verbal, de aprendizaje y de memoria.
Estos trastornos se producen debido a que el virus traspasa la barrera hematoencefálica llegando al líquido cefalorraquídeo y favoreciendo la replicación del virus en nuestro cerebro. La barrera hematoencefálica es la barrera entre los vasos sanguíneos del cerebro y el sistema nervioso central. Esta barrera impide que sustancias tóxicas que circulan por la sangre pasen al Sistema Nervioso pudiendo afectar su funcionamiento. El líquido cefaloraquideo baña el cerebro y la médula espinal protegiéndolo y realizando diferentes funciones.
Estudios clínicos y patológicos muestran que algunos tratamientos antirretrovirales atraviesan la barrera hematoencefálica,
asegurando niveles adecuados del fármaco en el líquido cefalorraquídeo e inhibiendo también aquí la replicación viral (Schouten J, HIV-1 infection and cognitive impairment in the cART-era: a review), lo cual contribuye a un mayor control de la infección.
La patología neurológica en los pacientes VIH preocupa cada vez más a médicos y pacientes, ya que la prevalencia de depresión y trastornos psiquiátricos es más elevada que en la población general (Schouten J, HIV-1 infection and cognitive impairment in the cART-era: a review). Por ello,
desde Abbott queremos contribuir a un mejor conocimiento de este tipo de complicaciones, ya que afectan a la calidad de vida de los pacientes.
Como reconocer estos síntomas
Es importante que las personas infectadas por VIH sean conscientes de estas complicaciones e informen a su médico de todos aquellos síntomas que presenten.
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Los primeros síntomas, relacionados con trastornos neurocognitivos, tienen que ver con la concentración y la memoria. Las manifestaciones más típicas son:
- dificultad a la hora de seguir una conversación
- necesidad de leer, de forma reiterada, párrafos y textos para su plena compresión
- olvido de citas y tareas
Cuando las tareas que se realizan son complejas, estos trastornos se hacen más notorios y evidencian mayor dificultad y lentitud.
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A medida que progresa la enfermedad, las dificultades se hacen más notorias; junto con otros síntomas se presentan trastornos motores como:
- lentitud e imprecisión en actividades como la escritura
- temblores y pérdida del equilibrio, en especial en giros bruscos de cabeza
- alteraciones en la movilidad ocular y en los reflejos de los tendones, que suelen estar aumentados (reacciona de forma involuntaria)
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En cuanto a la conducta, son notorios cambios como el abandono de la vida social, apatía, indiferencia y disminución de las respuestas emocionales. En algunos casos, los pacientes que muestran estos trastornos pueden estar irritables también.
El paciente debe ser consciente de la existencia de estos síntomas para poder así identificarlos y acudir a un especialista.